
Extracto del Capítulo III (pág. 58). Técnicas de concentración (focalización sensorial)
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Nadie duda en la actualidad sobre la crucial trascendencia del mantenimiento de una adecuada concentración a la hora de hacer el amor. El situarse en el momento presente y dejar a un lado los monólogos internos es vital para el buen sexo. Además, el silencio mental para dejar paso al disfrute de los sentidos ayuda en gran medida a la relajación, aspecto cuya importancia ha sido explicada en el capítulo anterior.
La ciencia ha demostrado que la activación de la corteza cerebral -parte del cerebro responsable de las funciones intelectuales y de los pensamientos- produce la inhibición de la libido. Este aspecto es muy positivo para el ser humano, ya que cualquier sujeto dedicado a la resolución de un problema matemático o de otra índole necesita centrarse en dicho problema, y la supresión del deseo sexual ayudará a conseguir su objetivo. El conflicto se origina cuando un individuo acostumbrado a pensar durante todo el día -en la sociedad occidental se salvan muy pocas personas- se muestra incapaz de frenar su actividad cortical a la hora de hacer el amor con su pareja. En éstos casos, existen dificultades añadidas para la puesta en funcionamiento del romboencéfalo -área del cerebro responsable del impulso libidinoso- con los subsecuentes efectos negativos que ello supone.
Varios sexólogos han clasificado y descrito los distintos tipos de interferencias capaces de ocasionar perjuicios en el ambiente relajado que requiere un encuentro sexual satisfactorio: pensamientos de control, aceleración, expectativa y actuación, así como las tensiones creadas por la propia pareja son capaces de convertir esta gozosa unión en un angustioso evento.
Rumiaciones como “vaya, parece que estoy logrando una erección”, “bien, logré endurecer sus pezones” o “¿Qué pasa?, estoy perdiendo mi erección” tienen unas connotaciones de control y auto-observación muy perjudiciales para el acto amoroso, al facilitar un estado de ansiedad que puede conducir al fracaso y a la obsesión.
Asimismo, el paso rápido de un pensamiento a otro mientras se hace el amor, o la agitación mental -propia sobre todo de personas de alto nivel intelectual, con facilidad de cambiar de tema o idea en poco tiempo-, resultan bastante nocivos para el campo sexual. Lo mismo ocurre con la mentalidad competitiva. Ideas como “debo ser la mejor amante que él haya tenido nunca”, “esta noche voy a triunfar como un campeón” o “debo superar mis últimas actuaciones” pueden ser muy beneficiosas en el terreno deportivo o laboral, pero en el sexual pueden resultar contraproducentes.
Por otra parte, los pensamientos relacionados con la preocupación por la propia actuación o sobre la opinión de la pareja acerca del desempeño originan quizá las situaciones más estresantes en estos terrenos. Frases mentales como “¿le estará gustando lo que le hago?”, “Vaya, parece que no gime mucho esta vez, ¿no estaré lo suficientemente erecto?” o “parece aburrido, ¿se lo haría mejor su ex?” interfieren en alto grado con la respuesta sexual y pueden encaminar a la frustración.
A veces este tipo de pensamientos y mentalidades no surgen de forma espontánea, sino que tienen una causa en la presión ejercida por la pareja. Es muy común en los tiempos presentes una actitud exigente por parte de alguno de los compañeros o de ambos a la vez, lo que no hace sino malograr muchos de los aspectos de la relación amorosa entre los que se encuentra el sexo. El problema se agrava en una época donde es común la unión entre personas con un amplio historial amoroso a sus espaldas. Este aspecto, que en teoría debería ser beneficioso al suponer un enriquecimiento en los conocimientos y experiencias del individuo, se convierte en numerosas ocasiones en un verdadero infierno al no tratarse estos temas con la debida delicadeza y respeto dentro del contexto de las conversaciones de la pareja. A veces, incluso se establecen comparaciones o se hacen referencias a experiencias pasadas que ponen en peligro el equilibrio de la relación. Frases como “mi exmarido sí que la tenía grande”, “yo a los hombres que no duran más de siete minutos los tiro por la ventana”, “mi antigua novia tenía muchas más ganas de hacerlo que tú” o “el novio de mi amiga se lo hace varias veces al día” son capaces de originar conflictos de perniciosas consecuencias, y deberían ser evitadas. En las ocasiones en las que uno o ambos miembros se sientan muy presionados y no sean capaces de solucionar la situación creada, debería acudirse cuanto antes a un terapeuta de pareja.
La terapia sexual actual utiliza numerosas técnicas encaminadas a la mejoría de la concentración y al establecimiento de una actitud en “el aquí y el ahora”, tan beneficiosa para un amplio abanico de conflictos de la esfera vital. Entre ellas destaca el método de la focalización sensorial, el cual se describe a continuación.
