Medicina de familia y atención sexológica

Médico de familiaLa figura del médico de cabecera, tan antigua como la propia medicina, ha sido potenciada en la mayoría de los países occidentales a partir de las últimas décadas del siglo XX. Tras algunos años de “hospitalocentrismo” y “superespecialización” que no reportaron los beneficios de salud global esperados, los responsables de la organización de los sistemas sanitarios se dieron cuenta de que era precisa la creación y promoción de un profesional que aunara sus capacidades de contacto y conocimiento profundo de los pacientes con una visión de la salud no sólo individual, sino también colectiva, y además desarrollase actividades preventivas, docentes e investigadoras. Para ello, se implantó la figura del médico especialista en medicina familiar y comunitaria, dotado de una formación específica para cumplir con los requisitos enunciados y representar el papel del nuevo médico de cabecera.

Actualmente este facultativo constituye la pieza fundamental de la Atención Primaria de Salud, primer nivel de asistencia sanitaria a la sociedad, cuyas características de accesibilidad, eficiencia, continuidad y visión integral e integradora de la salud la convierten en un instrumento primordial en las políticas sanitarias de todos los países del mundo.

 

El médico de familia y la atención sexológica

El médico de familia posee unos conocimientos para el manejo de una amplia gama de problemas de salud que afectan tanto al individuo, como a la familia y comunidad en la que éste se ubica. Por supuesto, estas competencias incluyen los trastornos relacionados con la esfera sexual, para cuya atención está preparado al menos mediante unas actividades de formación específicas incluidas en el programa de su especialidad.

En este campo, el facultativo de atención primaria se enfrenta con el reto originado por la dificultad que entraña la revelación por parte del paciente de una clase de problemas de elevada prevalencia pero que por motivos de vergüenza, tabú, miedo, indecisión o negación de la realidad, presentan altas tasas de ocultación. Por ejemplo, en el caso de la disfunción eréctil sólo se atreven a consultar uno de cada cinco afectados. Aunque también cabría preguntarse si el porqué de estas cifras se debe en gran parte al escaso interés de los médicos de cabecera pues aún, tan sólo alrededor del 6% se interesa por la sexualidad de sus pacientes.

Pero esta realidad empieza a cambiar: los datos sugeridos por recientes estudios apoyan la idea de que en la actualidad se hace necesario que la valoración, manejo, diagnóstico y tratamiento de muchas de las disfunciones sexuales sea realizada por los especialistas de atención primaria.

Por ejemplo, los resultados de recientes trabajos de investigación en el ámbito de la asistencia primaria indican una evidente relación directa entre la satisfacción sexual y la calidad de vida de hombres y mujeres. De hecho, se sabe que la mejora de la función eréctil en los pacientes tratados en los centros de salud se corresponde con una mejora de similar intensidad de la calidad de vida y el entorno socio-laboral de estos enfermos.

Asimismo, la aparición de fármacos orales efectivos y el papel la disfunción eréctil como síntoma centinela de eventos coronarios y marcador de riesgo cardiovascular han convertido al médico de familia -principal especialista en prevención cardiovascular- en el protagonista en el diagnóstico y tratamiento de los problemas de erección, y ha facilitado desde comienzos del siglo XXI la proliferación de foros, congresos y otros eventos científicos sexológicos dirigidos a facultativos de atención primaria.

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