El libre albedrío aplicado a la sexualidad permite disfrutar de la misma y sacarle partido.
Dar rienda suelta a los deseos es positivo para el ser humano, lo contrario que reprimirse y rechazar lo que pide a gritos nuestro interior.
Pero toda ética reconoce que deben respetarse los límites que marcan los demás haciendo uso de su propia libertad, es decir, la libertad de uno/a acaba donde comienza la del prójimo.
La coherción, la violencia, el engaño y el chantaje faltan el respeto al prójimo y son las líneas rojas que marcan los límites del disfrute sexual.
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