La amarga historia de un joven eyaculador precoz

En este post presentamos el relato muy detallado que nos ha enviado un médico sobre un interesante caso de eyaculador precoz.

Además, presentamos otras historias reales enviadas por los usuarios de nuestro consultorio sexológico. Tras contestarles y ofrecerles un test y algunos consejos orientativos, nos han permitido presentar sus narraciones en nuestro blog.

eyaculador precoz

Estas historias no sólo describen muy bien cómo vive un eyaculador precoz las relaciones sexuales, sino también reflejan algunos de los sentimientos más comunes que afectan a los hombres que sufren esta disfunción.

Si desea ampliar la información de este artículo le sugerimos conocer las causas de la eyaculación precoz y otra información científica relacionada con este trastorno.

Historias reales de eyaculadores rápidos

Eyaculador precoz. Historia real de éxito

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En una sesión clínica, un médico de familia describió la evolución de un caso de un eyaculador precoz de naturaleza y resolución muy diferentes al de Ángel, el cual se narra en este capítulo por contener claves que avalan la teoría sobre la importancia de diferentes aspectos acerca de la compatibilidad de los compañeros sexuales y su repercusión en el desempeño amatorio y en la satisfacción sexual.

El facultativo confesó su poca disposición a manejar trastornos de índole sexual debido entre otras cosas, al elevado cupo de su consulta de atención primaria.

Además, aducía el tiempo y la incomodidad que supone la realización de una entrevista sobre estos temas a los pacientes, aun a sabiendas de la importancia y repercusión de la sexualidad en la calidad de vida.

No obstante, como a cualquier médico de cabecera, de vez en cuando le era demandada la atención de algún problema relacionado con los asuntos del dormitorio.

El caso de Isidoro fue uno de ellos, y aunque por su complejidad fue derivado a la unidad de salud mental del área, la buena relación mantenida con el enfermo y el carácter comunicativo de este joven de veinticinco años, le hicieron ser testigo del desenlace de los hechos.

El día que Isidoro consiguió una cita con Eva no se lo podía creer. Ella era la dependienta más bonita del centro comercial donde trabajaba, e incluso cuando la tuvo en el pub enfrente de él riéndose de sus inspiradas ocurrencias, le costaba creer que una chica tan guapa y dos años mayor que él, le hiciese tanto caso.

Algunos de sus compañeros le preguntaron con envidia al día siguiente cómo le había ido, y él, orgulloso, contestó que fenomenal.

Y así había sido, Isidoro le había confesado a Eva la atracción sentida hacia ella, y le había propuesto iniciar una relación. La preciosa y esbelta rubia no se lo pensó dos veces, ya que hacía tiempo que estaba interesada por el simpático Isidoro.

El chico le caía en gracia y no estaba nada mal, ¿por qué no intentarlo? ¿por qué no conocerle mejor? Además, había pasado ya casi un año desde la ruptura con su anterior novio, un divorciado que no cumplió su promesa de casarse con ella al solucionar sus trámites de separación, y del que lo único que echaba de menos era su entrañable chiquilla.

Fueron agradables las primeras semanas compartidas entre Eva e Isidoro. Excursiones a la montaña, románticas cenas, idílicos paseos y dulces besos facilitaron un exaltado disfrute sentimental que no tardó en acompañarse de un ardiente deseo pasional.

El día que Eva le confesó que había comenzado de nuevo a tomarse la píldora, Isidoro no salió de su asombro. El nudo formado en su estómago le originó una sensación mezcla de mareo, emoción y arrebatadora activación de la libido.

Tras unos segundos de silencio absoluto le pidió hacer el amor en aquel instante, en ese mismo parque donde estaban tumbados tomando el sol. La reacción de Eva tras el fuerte y vehemente abrazo de Isidoro fue reírse de manera desmesurada.

Después de aclararle la imposibilidad de tal capricho y frenar el arranque del ardiente muchacho, le explicó su requisito de tener al lado un buen amante.

Entre sonrisas le expuso la necesidad de estar con un hombre «que durase» y que no fuese “egoísta”. Además, Eva le comentó aspectos de las relaciones mantenidas con sus antiguas parejas y con un tono de desprecio, recordó las recriminaciones realizadas por uno de sus antiguos compañeros sentimentales acerca de una supuesta lentitud para alcanzar el orgasmo.

A partir de aquel día, un cierto grado de confusión ocupó la cabeza de Isidoro. Por un lado le invadía el fuerte deseo de hacer el amor con su bella amada, mas por otra parte, debido a su no muy extenso currículum sexual, sentía un temor creciente a no dar la talla en la cama de la exigente Eva.

Cuando llegó el ansiado encuentro, Isidoro se olvidó de todo miedo y se dejó arrastrar por el torbellino de pasiones desatado por la realización de sus más íntimas fantasías.

Los dos coitos consecutivos que realizó supusieron para él un tremendo gozo que desahogó sus más hondas pasiones. Sin embargo, poco tiempo duró la paz fruto de la relajación de sus impetuosos instintos.

Al mirar a los ojos de Eva y encontrar una expresión mezcla de indiferencia y reprimenda, le invadió el desconcierto. Y el desconcierto se transformó en desazón y pesadumbre al escuchar las palabras de su consorte.

La atractiva dependienta le confesó con una sarcástica sonrisa que se había enterado muy poco de lo que acababa de ocurrir. Empapado en sudores, Isidoro se disculpó y le aseguró su intención de mejorar su desempeño en posteriores encuentros.

Tras despedirse con un fuerte abrazo de amantes, Isidoro se fue caminando hacia la casa de sus padres sumido en un mar de dudas.

El mismo día siguiente al desafortunado encuentro, Isidoro le propuso a su chica una nueva noche de frenesí. Eva adujo que debía esperar hasta el fin de semana pues aquella iba a ser una temporada de mucho trabajo en la tienda.

Debido a coincidencias con el padecimiento menstrual de su pareja, fue poco menos de dos semanas el tiempo esperado por Isidoro para practicar su segundo intento.

En esta ocasión tenía el firme intento de complacer a Eva, por lo que puso todo su empeño en emplear las habilidades amatorias adquiridas en su no muy larga -aunque hasta entonces satisfactoria- vida sexual.

Tras unos juegos previos que excitaron bastante a ambos y llevaron a la guapa rubia a ansiar la penetración, el muchacho entró en ella envuelto en un ardor que duró pocos movimientos.

En esta ocasión sí coincidieron las expresiones de ambos rostros. No obstante charlaron de forma amigable e intentaron buscar soluciones para el fastidioso problema.

La conversación terminó en besos de comprensión y complicidad que volvieron a excitar al joven muchacho, pero su vigoroso impulso fue frenado por Eva, la cual argumentó que en esos momentos sentía un tipo de hambre muy distinta a la experimentada por su novio.

El fin de semana siguiente, Isidoro se enfrentó a las consecuencias de su tercer fracaso. Una vez más, los pocos minutos de duración de la cópula fueron juzgados por Eva como insuficientes. Y esa vez, ni siquiera se atrevió a intentarlo de nuevo.

La chica le criticó por un egoísmo, brevedad y falta de coordinación que para ella habían supuesto la ausencia casi total de disfrute sexual. Le preguntó si había sido siempre así y ante la respuesta afirmativa del muchacho, le animó a realizar un esfuerzo para obtener una necesaria mejoría.

En los días que siguieron, la alegre expresión desapareció del rostro de Isidoro. Él había ya oído hablar de la eyaculación precoz, y no cesaba de lamentarse interiormente de su mala suerte por sufrir aquella “abrumante enfermedad”.

La bronquitis padecida por Eva supuso un alivio para Isidoro al evitar la posibilidad de una nueva decepción. Aquel fin de semana se le ocurrió la idea de contarle a su médico de atención primaria la preocupación obsesiva que le desbordaba.

Al entrar en la consulta fue recibido por el doctor con la misma amabilidad de siempre. Esta vez, la diferencia radicó en la dificultad para iniciar el relato de sus males. Una sonrisa de desconcierto en el rostro del facultativo le produjo el apremio necesario para comenzar a narrar su penosa historia.

Al salir de la consulta con una cita para la unidad de salud mental, se encontró alegre e ilusionado al recordar las palabras de su médico. En opinión del galeno, los escasos cinco minutos conseguidos en su último coito eran un indicio esperanzador cuyo único significado radicaba en la necesidad de un mejor aprendizaje y experiencia para conseguir mayor control en el futuro, pero en nada representaban la idea de Isidoro, quien los interpretaba como el signo de un grave trastorno de difícil solución.

Los escasos encuentros mantenidos -a una frecuencia semanal- antes de su cita con el psicólogo, supusieron nuevas decepciones para la pareja, debidas en parte al estado de ansiedad y obsesión soportado por Isidoro.

Después de algo más de un mes de espera, Isidoro fue atendido por una psicóloga que tras escuchar las explicaciones del paciente le dio varios consejos y propuso unas determinadas tareas, que con mucho gusto e interés, se propuso realizar.

Sin embargo, Isidoro no tuvo la oportunidad de aplicar los ejercicios prescritos por la profesional de salud mental. Dos días después de la cita con la terapeuta, Eva le anunció su deseo de finalizar la relación con la alegación de una pérdida del enamoramiento e ilusión, y su necesidad de transformar su unión de pareja en una mera relación de amistad.

Isidoro lo pasó bastante mal durante varios meses. Le invadían sentimientos de culpabilidad por haber perdido a su guapa novia, quien no tardó en empezar a salir con otro hombre.

El muchacho sufría al verla cogida de la mano del encargado de la tienda donde ella trabajaba, y se repetía a sí mismo que intentaría por todos los medios superar el “terrible” problema, que en su opinión había provocado la decisión de Eva.

Al poco más de un año tras la ruptura, Isidoro conoció en una discoteca a una chica de veintiún años que le hizo olvidar todas sus penas y frustraciones.

Además de parecerle preciosa, Rebeca era graciosa, risueña, alegre y, al ser estudiante universitaria, carecía aún de las aburridas preocupaciones afines al mundo laboral. A Isidoro le encantaba el perfil casi adolescente de la chica, la cual no tardó en entusiasmarse con el apuesto y simpático joven.

Tanto Isidoro como Rebeca comenzaron su relación con aires de esperanza e ilusión. El carácter jovial, desenvuelto y garboso de la veinte-añera sumieron a Isidoro en una dicha desconocida hasta entonces, y comenzó a disfrutar de costumbres ya casi olvidadas, propias de su primera juventud.

El nuevo ambiente de baile, risas y despreocupación, unido a su sensación de libertad al independizarse de la casa de sus padres, le proporcionó la vivencia de una de las etapas más felices de su vida hasta entonces.

El primer día que invitó a Rebeca a su casa, no salió de su sorpresa al comprobar la falta de timidez de la muchacha. Las dos veces que hicieron el amor bastaron para reavivar las dudas en la mente de Isidoro.

No obstante, al ver una expresión de satisfacción en el rostro de la chica, ni siquiera se atrevió a preguntarle qué le había parecido su desempeño.

Aquella semana, Rebeca pasó varias noches en la cama de Isidoro, y éste comenzó a sorprenderse por el rápido y paulatino aumento del control ejercido sobre su órgano viril, y eso que ya había olvidado las recomendaciones prescritas por la psicóloga.

Un día que habló con Rebeca de los asuntos sexuales, ésta le aseguró su satisfacción y le preguntó nerviosa si le parecía que ella estuviera dando la talla. Isidoro se carcajeó con una risa mezcla de alegría, alivio y profunda satisfacción. El sentimiento vertido en el largo beso que aplicó en la boca de la joven constituyó el presagio de una relación duradera.

Cuando el médico de familia expuso el caso de Isidoro ante sus colegas, adoptando las medidas de estricta confidencialidad que suelen requerir esta clase de sesiones clínicas, comentó que representaba un caso típico y muy frecuente de asociación de dos trastornos en una misma pareja.

Con toda probabilidad, la presencia de un deseo sexual hipoactivo en su primera compañera desencadenó y agravó la predisposición de Isidoro a la eyaculación precoz, y los orgasmos prematuros del joven facilitaron un empeoramiento del problema de Eva. Este tipo de relaciones se da con más frecuencia de lo presumible, y suelen tener un mal pronóstico.

Joven eyaculador precoz relata sus fracasos

Hola, lo primero agradecerle el espacio y tiempo dedicado, en un tema tan complicado donde no siempre es fácil pedir ayuda.

Bueno, lo primero soy un chico de casi 21 años y creo que mis 2 problemas son: (1) eyaculación precoz, y (2) falta de vigorosidad o problema de erección.

No he visitado ni he hablado nunca con ningún medico o experto acerca de este tema. A continuación te describiré lo que sucede cuando tengo una relación sexual.

1. Nos empezamos a besar y el pene se me pone erecto muy rápidamente, a veces muy erecto si es que estoy muy «caliente», pero otras veces una erección que no termina de quedarse rígida del todo en su grado máximo sino que se queda un poquillo más flácida (tal vez sea por haberme masturbado mucho durante días anteriores).

2. Pasando ya a la «2ª fase» nos quitamos la ropa, nos empezamos a tocar mutuamente y si me empieza a masturbar y veo que me voy a correr o eyacular, tengo que decirla que pare para no correrme y que no termine ahí la relación sexual.

Hasta aquí más o menos no hay mucho problema, si  tuviera que destacar alguno sería el hecho de que se me ponga erecta muy rápido, a veces mas rápido de lo que me gustaría. El problema viene en la siguiente fase.

3. Empezamos a hacer el amor y empiezo a penetrar a mi acompañante y de tan libidinoso o «cachondo» que estoy pues no logro aguantar y eyaculo o «me corro» muy rápido.

Estamos hablando de eyacular en menos de 3 minutos desde el momento en el que meto mi pene en su vagina (una vez me corrí antes incluso de penetrarla, sólo rozándome con ella).

4. Una vez he eyaculado, el grado de erección empieza a disminuir notablemente y en poco tiempo el pene se me queda flácido, no del todo pero ya no tengo una erección completa, y entonces me empieza a costar meterle el pene en su vagina porque al intentar hacerlo se me dobla el pene por el hecho de estar más flácido.

Pero bueno, yo sigo intentando hacer el amor aunque ahora ya tenga el pene más blando y menos duro y me cueste más «meterla», y también dándome cuenta de que ella ya no esta disfrutando tanto.

5. Entonces, una vez me he corrido y he notado que ya no voy a conseguir que se me vuelva a poner erecto el pene, pues claro tampoco puedo pasar por alto el hecho de pensar que ella ya no esta disfrutando como antes y que de hecho ni siquiera voy a conseguir que ella se corra o llegue al orgasmo.

Eso de «haberla dejado a medias» o el hecho de que tengamos sexo dos personas pero solo una de ellas logre finalizar el proceso del sexo (es decir, que solo sea yo el que ha llegado al orgasmo) pues es algo que también me molesta, y no por orgullo varonil, sino por empatía, porque de la misma manera que yo he disfrutado pues quiero que lo haga ella también.

Y entonces, después me quedo muy echo polvo yo por mi cuenta por ese hecho, por no conseguir que ellas disfruten conmigo.

Y bueno ese es mi problema, lo siento si me he extendido mucho, pero creo que así le habrá quedado una idea clara de lo que me pasa. La verdad es que tampoco quería quedarme corto en el agradecimiento a esta página y a usted, que me esta ayudando con este tema tan vital y tan cruel, o sea que de verdad: MUCHISIMAS GRACIAS.

A continuación aporto información extra que igual también le sirve de ayuda: perdí la virginidad con 14 años, estuve con una chica unos meses teniendo mis primeras relaciones sexuales y cuando lo dejamos, tardé 2 años y medio en volver a tener sexo.

Desde los 17 años he tenido sexo muy esporádicamente, y además normalmente siempre ha sucedido después de haber salido de fiesta y con la ayuda extra que el alcohol nos brinda a quienes no tenemos la seguridad de poder tener relaciones sexuales plenas y satisfactorias.

Lo que quiero decir es que me es mucho más fácil, y me  pongo menos nervioso si quedo con una chica y nos embriagamos tomándonos unas copas pero el problema es que tal vez el alcohol también me afecta a la hora de tener relaciones. No lo sé.

La verdad es que me sienta  muy mal esta situación. Debo decir también que he estado años masturbándome muchísimo (y con muchísimo quiero decir cada día sin falta e incluso varias veces al día).

Me lleva pasando desde hace años el notar que el pene no se me erecta «como cuando tenía 14 años”. Muchísimas gracias de nuevo, y espero puedan ayudarme.

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